lunes, 10 de octubre de 2011

Deja que la Vida Hable...


Deja que la Vida Hable...
por Carmen Santiago

Cuando regreso a mi casa, al abrir la puerta siento que dejo atrás el bullicio y llego a un lugar que auspicia la mirada interna y el silencio. Entiendo que el ambiente, tan trabajado por las innumerables meditaciones, lecturas, reflexiones, va atrayendo energías afines que me permiten sentir esa quietud, esa atmósfera de paz que es capaz de conectarme con las realidades internas y me doy cuenta lo difícil que es lograrlo en medio del bullicio de la vida moderna.
 
Ser conscientes del mundo interno tiene que ver más con remover que con agregar cosas. Remover las barreras creadas por nuestras creencias, por los apegos y la costumbre de ver la vida solo del lado de la realidad material. Ser conscientes es desligarnos de todo aquello que nos atrapa y nos mantiene mirando hacia el suelo, cuando sobre nuestras cabezas brillan las estrellas. Es buscar en nosotros un punto de quietud, un estado de inocencia mental que se logra cuando se acallan los deseos personales y se logra un cierto grado de neutralidad. La ausencia de deseos nos libera del atrape de las emociones, y la neutralidad nos permite fluir libres, a través del plano de la mente, a otras regiones, otros planos. Entonces se despierta en nosotros el poder de mirar la vida desde un contexto mucho más abarcador que nos hace más comprensivos, flexibles, tolerantes y sobre todo, con la sensación de vida abundante.
 
Si hacemos contacto todos los días y, si es posible, a la misma hora, con ese centro de silencio que está en el corazón, en donde se pueden percibir otras dimensiones, se establece un ritmo y se nos hace más fácil ese contacto porque emitimos una nota que atrae ciertas energías auspiciosas. Estamos así utilizando la magia del Séptimo Rayo que se expresa a través del Orden y del Ritmo.
 
Mientras más obligaciones y actividades tenemos, más debemos establecer un ritmo para fortalecer los lazos que nos unen al Centro desde donde podemos percibir la abundancia de la vida, desde donde recibimos la luz, la energía y la paz que necesitamos para vivir y percibir con más claridad el mundo que nos rodea. Parece una paradoja, pero mientras más consciente estamos del mundo invisible, mejor percibimos el visible, mientras más conscientes del centro, mejor manejamos la periferia.
 
En las relaciones humanas, cuando estamos en el centro nos miramos y realmente nos “vemos”. Entonces guardamos silencio cuando el otro habla. Ser escuchado es una de las necesidades más grandes que tiene el ser humano. ¡Y son tan pocos los que escuchan! Sólo hay que detener el diálogo interno y concentrarse en el que habla. Nos sorprenderá todo lo que podemos percibir y cómo nos enriquece el contacto humano. De la misma manera, la vida está repleta de riquezas que esperan ser percibidas. ¿Cuántos amaneceres llenos de luz y de color no hemos visto? ¿Cuántas miradas llenas de amor se han perdido por falta de atención? ¿Cuántas respuestas la vida nos ha entregado en su lenguaje simbólico y no las hemos percibido?
 
Deja que la vida hable, deja que la vida hable... y para que la vida hable tenemos que callarnos. Callar nuestros interminables pensamientos que circulan en nuestro entorno, repetitivos, aburridos, ciegos, pensamientos que son dirigidos por el movimiento del egoísmo que todo lo empobrece, porque... ¿cómo no empobrecer la conciencia cuando la hacemos girar alrededor de nuestra pequeña personalidad, privándonos de las maravillas que tiene la existencia?
 
Si dejamos de pensar en nosotros todo el tiempo y permitimos que el amor fluya a través nuestro como un manantial que enriquece todo lo que toca, las preocupaciones y las ansiedades se apartan de nosotros. Recordemos las palabras del Maestro D.K.: “Toda preocupación y ansiedad tiene como base principal un móvil egoísta”. Y si logramos un estado de silencio profundo, silencio de ruidos y también de pensamientos, y entramos a esas zonas neutras de la conciencia, estaremos percibiendo la verdadera libertad.
 
La libertad es la promesa de la Era de Acuario. Libertad de nuestras propias creencias cristalizadas y limitantes, de seguir por las mismas huellas, los mismos surcos que nos llevan a repetirnos una y otra vez; libertad de nuestros sentimientos egoístas y sus consiguientes sistemas sociales, los cuales, como una proyección de nuestro interior se expresan a través de una civilización con una profunda injusticia social que la vida moderna evidencia con tanto dramatismo.
 
Cada vez que aparece un dolor es señal que existe una barrera que detiene el libre fluir de la Luz en la materia.  Cuando algo se detiene crea congestión y enfermedad. En el cuerpo humano, la enfermedad se produce por la interrupción de la libre circulación de la energía del alma en el cuerpo. Lo mismo sucede en el cuerpo de Humanidad y en el cuerpo del planeta. Evolucionar es abrir senderos para el flujo de esta Luz, quitar barreras, destrabar energías, liberar la vida aprisionada en el espejismo de creerse separada, estática, personalizada. Evolucionar es expresar la naturaleza esencial que somos. El Yo Soy en ti, en mí, en todos.
 
Expandir la conciencia es acortar distancias, borrar fronteras, hasta que de tanto borrar, sólo queda la relampagueante Luz. Y en esa Luz están todas las posibilidades, en esa Luz encontramos todo lo que, con tanto afán, buscamos. Allí está la razón de nuestra existencia, el Amor que todo lo puede; y esa Luz somos nosotros, el Alma, la Conciencia Crística, el Hijo Divino.
 
Deja que la vida hable y te cuente sus misterios; deja que la vida hable y te revele sus secretos. Es tan poco lo que percibimos que somos como los Hijos de un Rey infinitamente rico que deambulan por el Reino sintiéndose pobres porque no tienen la capacidad de percibir sus incontables riquezas. Permite que el árbol te comunique su misión, que la flor te hable a través de su aroma, que el cielo te cuente el porqué de su color, que las estrellas te instruyan y te den su sabiduría. Lo único que tienes que hacer es “callarte”. Entrar en la cueva de tu corazón y desde ese centro de luz, mirar la vida.
 
Practica todos los días el silencio y te darás cuenta que la mayoría de tus pesares provienen de una pobre y deficiente percepción, de ver solamente tu imagen personal en todo lo que ves, de repetir tus pensamientos una y otra vez... Y entonces puedes hasta afirmar que la vida es aburrida. ¡No! La vida es infinitamente divertida, el aburrido eres tú, porque no hay cosa más aburrida que verse a sí mismo todo el tiempo.
 
Toda nuestra percepción está teñida por nuestros filtros mentales construidos con las creencias, los sistemas de representación de nuestra mente y nuestra historia. Si no te gusta lo que ves, limpia el filtro con el que ves, cámbialo, y descubrirás el maravilloso Universo que te rodea. Y entonces te enamorarás de la Luz y se instalará en ti un impulso por trabajar para ella, y no importa los años, estarás más vivo, más expresivo. Te comunicarás con las entidades celestiales y te sentirás colmado, vivo, lleno de luz. La vida te hablará y la felicidad se instalará en tu interior y nada ni nadie te la podrá quitar.
 
Con el amor de siempre,
Carmen Santiago.

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