martes, 28 de junio de 2011

¿Qué Siento Cuando Obro Mal?


Hablar de lo bella que es la vida es muy apreciado por ustedes que nos visitan constantemente. Pero a veces hay que pisar la realidad y espero que no falte quien asimile lo que viene en estas líneas. No podía dormir sin satisfacer la necesidad de escribir al respecto. Soy yo, como siempre, escribiendo sobre mis intentos de comprender el día a día mio y el de otras personas:

¿Qué siento cuando obro mal? No siento nada... hasta que el ego termina de banquetearse con mi aparente triunfo. Entonces quien sufre la indigestión es mi ser.

Primero, siento que una parte de mi se fragmenta, creo que es la herida de mi alma, inflingida por el espíritu del error.

Segundo, viene ese vacío grande en el estómago, que no es hambre, es la pena de mi alma herida. Literalmente, siento que voy a vomitar mi alma.

Por la razón anterior, siento que me rodea una densa niebla oscura. Es mi cuerpo emocional perturbado, todas las emociones mezcladas, vitalizadas, densificándose en la forma de remordimiento.

Este remordimiento me trae desesperación, mi respiración se acorta, traduciéndose en mayor desesperación.

Las piernas me tiemblan, siento que el mundo se me voltea.

Cada persona a mi alrededor se convierte en mi juez, o al menos eso creo. Esto me genera angustia desmedida. ¿O será más bien "cargo de conciencia"?

No cabe lugar para las alegrías cuando estas cosas me ocurren. Cuesta un poco recuperarme del daño que yo mismo o yo misma, me he provocado con la afilada punta del ego, una de las armas más terrible del espíritu del error. Debo acotar que cada una de las armas del espíritu del error es la más terrible, así que no bajes la guardia ante el resultado de tus propios fallos.

¿Quisieran saber quién es el espíritu del error? Todo ser humano lo tiene. Somos nosotros mismos, en nuestra más baja frecuencia, en nuestra peor expresión. Materia suprafísica oscura proveniente de la fragmentación de nuestro cuerpo emocional, o más bien antimateria autosustentada, influyendo en el plano físico. Una vez liberado, crece y crece hasta hacerte creer que sólo lo que tú haces, sea bueno o malo, está bien.

Tú, amigo, amiga, que te paseas por estas líneas: a veces entender la oscuridad que continuamente nos rodea, nos brinda mayores razones para mantener el fulgor de nuestras almas, dominando casi perennemente al espíritu del error y rasgando el oscuro velo del ego, materia prima de penas y karmas.

¿Qué sientes cuando obras mal? ¿Has sentido lo mismo que yo alguna vez? Todos lo hemos sentido, somos humanos. Qué desagradable es sentir eso, ¿verdad? Y pensar que todavía hay quien disfruta de lo que yo llamaré a partir de ahora Bulimia de Espíritu, que no es otra cosa más que cinismo.

Mi experiencia puede que no sea mayor que la tuya, o tal vez sí, pero he entendido cómo evitar que estas situaciones se presenten: Vivo feliz sin dañar. Como ser humano, me veo en el deber de intentarlo.

Muchas bendiciones desde un punto de la Tierra

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